Arzobispo de Concepción abogó por el diálogo para resolver grave problema del mercado de la ciudad

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Monseñor Fernando Chomali  hizo un especial llamado a privilegiar el diálogo en la búsqueda de solución para el grave problema que viven más de 180 comerciantes del Mercado Central que,  a un año de registrarse un incendio que destruyó el establecimiento, aún no tienen claridad respecto a su fuente de trabajo.

El Arzobispo presidió una Eucaristía, en la catedral,  para orar por la vida de los comerciantes y sus familias, a la que asistieron, además, varias autoridades que están trabajando para encontrar una salida a esta problemática.

Texto de la Homilía de Monseñor Fernando Chomali

Misa por la pronta reconstrucción del Mercado de Concepción

28-abril-2014

+Fernando Chomali G

Agradezco la inmensa oportunidad que me dan de rezar junto a ustedes para que pronto se reestablezca el Mercado de Concepción y todos puedan volver a trabajar. Esta intención la pediremos con insistencia y con mucha fe sabiendo que, como dice el Salmo, “Si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles”. “Si el Señor no guarda la ciudad en vano vigilan los centinelas”. Será una oración de intercesión y le pediremos con insistencia: Señor ayúdanos a que pronto tengamos funcionando el mercado en Concepción.

También haremos oración para pedir por los trabajadores del mercado que durante este año han fallecido. Que el dolor de haber perdido su fuente de trabajo y no haberlo visto recuperado le sea compensado con la promesa de Jesucristo que si morimos con él resucitaremos con él.

Que Dios les compense abundantemente todo el dolor que han vivido durante este tiempo con su amor y con su paz.

También haremos una oración de acción de gracias porque gracias a Dios durante el trágico incendio que afectó al mercado central de nuestra ciudad no hubo fallecidos. Habría sido terrible y mucho más doloroso que además de la pérdida del mercado, del trabajo de tantas personas y todo lo que ello significa,hubiese habido pérdidas humanas. No perdamos la perspectiva de las cosas. Los recursos materiales se pueden recuperar, el trabajo se puede recuperar, pero una vida humana no se recupera. Habría sido mucho más doloroso estar celebrando una misa por un compañero o compañera de trabajo que hubiese fallecido en el mercado el día del incendio.

Quien realmente cree que Cristo ha resucitado es capaz de ver la luz incluso donde hay oscuridad, poner paz donde hay discordia, poner alegría donde hay tristeza, ver el bien donde hay mal, dar esperanza donde hay desesperanza. Esa es la luz que nos trae el resucitado.

El incendio trágico que enlutó a la ciudad que no nos robe la esperanza, que no nos quite el deseo de seguir trabajando por la recuperación del mercado, la recuperación del trabajo, la recuperación de la alegría. Ese es el primer mensaje que les quiero entregar.

También quisiera pedirles que tengan cuidado, que tengamos mucho cuidado en medio de la desolación que significa no haber avanzado durante un año como todos hubiésemos querido, de generar discordias estériles, incomprensiones mutuas inconducentes, y recriminaciones que no le agregan nada a la solución del problema, sino que lo complican ms.

No es a hora de volver al pasado, es la hora del presente y del futuro. Es la hora de mirar con nuevos ojos la real situación en la que se encuentran todos los actores involucrados en el mercado y trabajar para dar soluciones adecuadas.

Entonces también esta misa es para pedir, al igual que lo hizo Salomón, la sabiduría que procede de Dios. Todos estamos llamados a pedirle a Dios: danos Señor la sabiduría que de ti procede.

Si no pedimos sabiduría tomará su puesto la pasión, que es muy mala consejera en muchos casos, y la ira, que no conduce a nada. La sabiduría nos permitirá avanzar en verdad hacia la solución del problema.

El mercado es mucho más que el mercado. Es un elemento fundamental de la ciudad. Una ciudad sin mercado es como una ciudad sin plaza, como una ciudad sin Catedral, como una ciudad sin servicios públicos. Es por ello que todos quienes tienen en sus manos la solución del problema han de poner lo mejor de sí para sacarlo adelante. Es una exigencia de la capital regional, es una exigencia de la ciudad, es una exigencia de quienes se ganan el pan de cada día vendiendo los productos que nos regala la tierra y ofreciendo servicios que tanto se necesitan para vivir.

¿A qué debiese conducir la sabiduría que procede de Dios? Al diálogo. Al diálogo. Al diálogo. Ese es el camino y no otro para llegar a una solución pronta y justa.

Un diálogo que tiene como requisito la búsqueda de soluciones rápidas y realistas. El diálogo que parte de la base de la buena fe de todos los estamentos involucrados; el diálogo que exige tener presente que todos tienen algo que aportar y que la verdad es sinfónica. Es decir nadie tiene toda la verdad por sí solo, y nadie está totalmente errado. Un diálogo que mira al bien común y que es capaz de lograr que las personas por un bien mayor, también, cuando las circunstancias lo exijan sean capaz de hacer algunas renuncias.

Sólo con el diálogo presente e incesante entre las autoridades y todos los estamentos vinculados al mercado la llama de la esperanza estará encendida. Sólo con el diálogo entre personas con autoridad y real poder para solucionar los problemas, permitirá que más temprano que tarde veremos un hermoso mercado floreciendo nuevamente.

Quisiera por último decirles que la Iglesia no tiene soluciones técnicas ni económicas para solucionar este lamentable tema. Sin embargo, tenemos la mejor disposición para colaborar en lo que sea necesario para que las personas que tienen obligaciones civiles, empresariales, gremiales y laborales lleguen a acuerdos.

Creemos firmemente que este tema tan doloroso va a llegar a buen puerto. Creo en ello. De eso no tengo duda en la medida que prime el amor, la solidaridad, la unidad entre todos.

Por último quisiera hacer notar la  fragilidad de nuestro país y sobre todo de los más pobres. Este incendio, el terremoto en Iquique y el incendio en Valparaíso lo ha demostrado. Chile aún no logra los estándares de desarrollo en la vida real de las personas que muestran ciertas cifras. Ello constituye para todos nosotros un gran desafío y junto con trabajar para solucionar pronto el grave y delicado asunto que nos convoca, hemos de preguntarnos qué estamos haciendo para esto nunca más ocurra. Nunca más ocurra.

A Dios que nos da esperanza y fuerza para seguir trabajando, le damos honor y gloria por los siglos de los siglos.

abril 29th, 2014