Reflexión :Proyectar la mirada hacia el futuro

cruz monumental

Al comienzo de un nuevo año nace casi espontáneamente la reflexión. Tomamos conciencia de esa realidad que vamos gastando sin tomarla demasiado en  cuenta, el tiempo. Son momentos para realizar un balance y proyectar nuestra  mirada hacia el futuro.

Muchas cosas que nos angustiaban y nos parecían casi insuperables ya han pasado. Mirando hacia atrás, los días que fueron duros  tienen un aspecto diferente. Ahora nos sentimos más tranquilos y serenos, incluso, ante lo  que ahora nos agobia y que también un día pasará.

Así también, sentimos nostalgia. Nada permanece. Con el viejo año se van no sólo las  cosas difíciles y duras sino también las hermosas y buenas. Y cuanto más avanza uno en  edad tanto mayor es la fuerza con que percibe el paso inexorable del tiempo. Un año más ha pasado y nos podemos preguntar: ¿hemos crecido en verdad, en  generosidad, en el amor?

Dice H. Hesse que «en cada comienzo hay algo  maravilloso que nos ayuda a vivir y nos protege». Qué verdad se encierra en estas palabras cuando uno mira todo comienzo con ojos de fe. De nuevo se nos ofrece un tiempo lleno de esperanza y de posibilidades intactas. ¿Qué  haremos con él?  Las preguntas que podemos hacernos son muchas. Aumentaremos nuestro nivel de vida y  nuestro confort quizás, pero, ¿cómo seguirá nuestro corazón? Tendremos  tiempo para trabajar, para poseer, para disfrutar, ¿lo tendremos también para crecer como  personas? ¿Aprenderemos a distinguir lo esencial de lo  accesorio, lo importante de lo accidental y secundario? Tendremos tiempo para nuestras  cosas, nuestros amigos, nuestras relaciones sociales. ¿Tendremos tiempo para ser nosotros  mismos? ¿Tendremos tiempo para Dios? Dios es el que sostiene nuestro tiempo y puede infundir a nuestra existencia una  vida nueva.

Feliz Año Nuevo: Como cristianos, como hijos de Dios, esta felicitación que intercambiamos se hace en nosotros también oración. Porque sabemos que Dios, nuestro Padre, es la fuente de toda felicidad, de toda bendición.

Comenzamos bendiciéndonos, invocando sobre el mundo y sobre nosotros mismos la misericordia de Dios encarnada en Jesús, el hijo de María cuya maternidad divina celebramos; invocamos al “príncipe de Paz”…El Señor de la historia, el Señor de nuestra historia, porque Jesucristo es Dios

 

Reflexión del P. José Miguel San Martín

 

enero 8th, 2014